Light in the dark

lunes, junio 05, 2006

Un ring en el aire.

Hace mucho tiempo ya, que nuestras miradas no hablan el mismo idioma, y el vernos solo produce incesantes golpes en el estomago para intentar sobrevivir de los recuerdos. Siento que mi debilidad es la única que grita en ese ring, piensa que ya va siendo hora de dejar zanjado ese asalto con un golpe que noquee mis ganas de sentir la cuenta atrás de un árbitro ya cansado de ver golpes a una pared que cada vez siente menos. Quizás hace mucho tiempo ya que debería haber arrojado la toalla, nada va a volver a ser igual, aunque yo te complazca y te permita sentirte vivo con los golpes que me produces, como un alivio a los golpes sin contacto que yo te he producido, pero si piensas y te das cuenta, ninguno de los dos esta disfrutando ahora, creo que todo lo que nos quedaba por decir o reprochar, ya se ha dicho, así que solo queda descender de ese ring y desear que nunca más nos volvamos a encontrar, porque nada va a cambiar. Nuestro momento ya pasó y con él se fue lo que podríamos haber ser sido, todo quedó en intenciones.

2 Comments:

  • At 6:33 p. m., Anonymous Anónimo said…

    He releído este pequeño relato como unas tres veces y no quiero dejarlo sin anotar algo al respecto.
    Gracias por poner una pequeña historia real y auténtica. Quién no ha sentido eso alguna vez en su vida? Aunque he de reconocer que más duro sería no intentar gastar las últimas balas en algo en lo que se cree.
    Gracias por estos relatos, que te transportan a vivencias, no se, si buenas o malas, pero desde luego, vivencias, que hacen que hoy sea la persona que soy.
    La protagonista de esta pequeña historia estoy segura que acabará teniendo un final feliz, si lucha por perseguir lo que quiere, en el ámbito que sea de su vida.

     
  • At 12:24 p. m., Anonymous Anónimo said…

    Es una despedida. Lo cierto que mas que proclamarlas hay que decirlas directamente. Ya que se dan los puñetazos, después de tanta meditación, no hay que conformarse con darlos al aire. Hay que darlos en la boca del estomago de los sentimientos. Son mas directos y duelen menos que la corbardia escondida en citas postergadas que nunca se producirán o que se disfrazarán de espontáneos encuentros. Claro que quiza se prentendia precisamente eso. Herir mas con la postergación y la casualidad fingida.

     

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