La fabula de la vaca.
Hoy me han contado esta fábula y me ha resultado muy curiosa, así que para no olvidarla he decidido ponerla aquí.
Se encontraba un maestro y su discípulo, paseando por un bosque y sin apenas darse cuenta, les cayó la noche, así que decidieron buscar algún refugio donde pasar la noche, caminaron y caminaron hasta encontrar una humilde cabaña. Al llamar a la puerta les abrió un hombre y al contarle que se habían perdido y se les echaba la noche encima y no tenían donde dormir, este a su vez les abrió las puertas de su humilde casa y les dijo que se sentarán a la mesa que iban a cenar, que podían pasar la noche allí. El maestro y su discípulo, entraron en la humilde cabaña, donde encontraron un pequeño fuego y dos niños pequeños jugando frente a el y a su esposa que preparaba la mesa. El hombre le contó que tendrían invitados esa noche, así que pusieron dos cubiertos más, la cena apenas llegaba para ellos cuatro, pero aún así todos compartieron la comida, que consistía en un poquito de pan, queso y un vaso de leche. El maestro y sus discípulos agradecieron esa cena, mientras el hombre les contaba, que eran pobres, pero que su única posesión y su mayor riqueza era una flacucha vaca, que les alimentaba. Cenaron y todos fueron a dormir, junto a ese pequeño fuego.
Por la mañana el maestro y su discípulo partieron, dando las gracias por todas las molestias que les habían causado y agradeciendo su amabilidad, el hombre les invito a que los visitaran nuevamente en otra ocasión.
Cuando llevaban un tramo recorrido de vuelta a casa, el maestro le dijo a su discípulo que fuera de nuevo a la cabaña y matara a la vaca. El discípulo le dijo al maestro que eso no lo podía hacer, la vaca era la única posesión de esa familia, como podría hacer tal cosa, como iba a sobrevivir esa familia sin su vaca. El maestro le dijo que hoy tendría que aprender una lección esa sería su lección, así que el discípulo aún con resentimiento hizo lo que le mandó su maestro y cogió la vaca y la tiro por un precipicio cercano a la casa. Y pensando con tristeza que le ocurriría a esa pobre familia, paso el resto del camino callado y pensando que lección podría aprender de ese hecho tan cruel.
Al cabo de un tiempo el discípulo, pasaba por ese mismo bosque y se acordó de aquella familia tan amable y decidió ir a visitarlos y ver qué había sucedido con ellos y saber si aún continuaban allí. A medida que iba llegando a la cabaña, pudo comprobar que ahora se encontraba una casa más grande y pensó que quizás aquella familia yo no estaba, así que llamó a la puerta para preguntar si sabrían que había sido de aquella familia. Le abrió la puerta aquel mismo hombre que un tiempo atrás lo había hecho, estaba algo cambiado, vestía mejores ropas, estaba algo más grueso y su salud parecía que también había mejorado, el hombre lo reconoció enseguida y lo invitó a entrar alegrándose de su visita. El discípulo asombrado por tanto cambio, no puedo evitar preguntar que les había sucedido. El hombre le contó que a la mañana siguiente de que ellos se fueran, no sabe cómo, su vaca se escapó, con tan mala suerte que cayó por un precipicio y murió, se sintieron perdidos, pero que decidieron bajar al pueblo a comprar un poco de comida, con el escaso dinero que tenían y también compraron semillas que plantaron en sus tierras, frutas, verduras… como tenían muchas, decidieron bajar al pueblo y vender unas cuantas para comprar más semillas para plantar y comida, como a la gente del pueblo les gustó, iban bajando y vendiendo sus productos, con el tiempo pudieron poner una parada en el mercado y que la suerte les había ayudado a salir adelante y poder vestir mucho mejor y poder hacer una casa mucho más grande para todos ellos. Que quizás si nunca hubiese muerto su vaca, todo lo que habían conseguido ahora, no lo tendrían.
Pasaron una agradable tarde y el discípulo se marcho, dándole de nuevo las gracias por todo y camino de vuelta a casa, el discípulo aprendió su lección. Aprendió que muchas personas viven atadas a una vida, a una comodidad y no logran superar los obstáculos que les impiden triunfar. La lección más importante que el discípulo podía aprender era observar lo que sucede cuando finalmente nos liberamos de aquellas ataduras y comenzamos a utilizar nuestro verdadero potencial.
Muchos de nosotros también tenemos vacas en nuestra vida, ideas, excusas y justificaciones que nos mantienen atados a la comodidad, dándonos un falso sentido de estar bien cuando frente a nosotros se encuentra un mundo de oportunidades por descubrir. Oportunidades que sólo podremos apreciar una vez que hayamos matado nuestras vacas.
Se encontraba un maestro y su discípulo, paseando por un bosque y sin apenas darse cuenta, les cayó la noche, así que decidieron buscar algún refugio donde pasar la noche, caminaron y caminaron hasta encontrar una humilde cabaña. Al llamar a la puerta les abrió un hombre y al contarle que se habían perdido y se les echaba la noche encima y no tenían donde dormir, este a su vez les abrió las puertas de su humilde casa y les dijo que se sentarán a la mesa que iban a cenar, que podían pasar la noche allí. El maestro y su discípulo, entraron en la humilde cabaña, donde encontraron un pequeño fuego y dos niños pequeños jugando frente a el y a su esposa que preparaba la mesa. El hombre le contó que tendrían invitados esa noche, así que pusieron dos cubiertos más, la cena apenas llegaba para ellos cuatro, pero aún así todos compartieron la comida, que consistía en un poquito de pan, queso y un vaso de leche. El maestro y sus discípulos agradecieron esa cena, mientras el hombre les contaba, que eran pobres, pero que su única posesión y su mayor riqueza era una flacucha vaca, que les alimentaba. Cenaron y todos fueron a dormir, junto a ese pequeño fuego.
Por la mañana el maestro y su discípulo partieron, dando las gracias por todas las molestias que les habían causado y agradeciendo su amabilidad, el hombre les invito a que los visitaran nuevamente en otra ocasión.
Cuando llevaban un tramo recorrido de vuelta a casa, el maestro le dijo a su discípulo que fuera de nuevo a la cabaña y matara a la vaca. El discípulo le dijo al maestro que eso no lo podía hacer, la vaca era la única posesión de esa familia, como podría hacer tal cosa, como iba a sobrevivir esa familia sin su vaca. El maestro le dijo que hoy tendría que aprender una lección esa sería su lección, así que el discípulo aún con resentimiento hizo lo que le mandó su maestro y cogió la vaca y la tiro por un precipicio cercano a la casa. Y pensando con tristeza que le ocurriría a esa pobre familia, paso el resto del camino callado y pensando que lección podría aprender de ese hecho tan cruel.
Al cabo de un tiempo el discípulo, pasaba por ese mismo bosque y se acordó de aquella familia tan amable y decidió ir a visitarlos y ver qué había sucedido con ellos y saber si aún continuaban allí. A medida que iba llegando a la cabaña, pudo comprobar que ahora se encontraba una casa más grande y pensó que quizás aquella familia yo no estaba, así que llamó a la puerta para preguntar si sabrían que había sido de aquella familia. Le abrió la puerta aquel mismo hombre que un tiempo atrás lo había hecho, estaba algo cambiado, vestía mejores ropas, estaba algo más grueso y su salud parecía que también había mejorado, el hombre lo reconoció enseguida y lo invitó a entrar alegrándose de su visita. El discípulo asombrado por tanto cambio, no puedo evitar preguntar que les había sucedido. El hombre le contó que a la mañana siguiente de que ellos se fueran, no sabe cómo, su vaca se escapó, con tan mala suerte que cayó por un precipicio y murió, se sintieron perdidos, pero que decidieron bajar al pueblo a comprar un poco de comida, con el escaso dinero que tenían y también compraron semillas que plantaron en sus tierras, frutas, verduras… como tenían muchas, decidieron bajar al pueblo y vender unas cuantas para comprar más semillas para plantar y comida, como a la gente del pueblo les gustó, iban bajando y vendiendo sus productos, con el tiempo pudieron poner una parada en el mercado y que la suerte les había ayudado a salir adelante y poder vestir mucho mejor y poder hacer una casa mucho más grande para todos ellos. Que quizás si nunca hubiese muerto su vaca, todo lo que habían conseguido ahora, no lo tendrían.
Pasaron una agradable tarde y el discípulo se marcho, dándole de nuevo las gracias por todo y camino de vuelta a casa, el discípulo aprendió su lección. Aprendió que muchas personas viven atadas a una vida, a una comodidad y no logran superar los obstáculos que les impiden triunfar. La lección más importante que el discípulo podía aprender era observar lo que sucede cuando finalmente nos liberamos de aquellas ataduras y comenzamos a utilizar nuestro verdadero potencial.
Muchos de nosotros también tenemos vacas en nuestra vida, ideas, excusas y justificaciones que nos mantienen atados a la comodidad, dándonos un falso sentido de estar bien cuando frente a nosotros se encuentra un mundo de oportunidades por descubrir. Oportunidades que sólo podremos apreciar una vez que hayamos matado nuestras vacas.


5 Comments:
At 8:16 a. m.,
Anónimo said…
Ostras!!!!! que verdad!!!!
Me ha encantado!!!!!
No tengo palabras, muy emotiva.
Besos.
Ev.
At 5:41 p. m.,
Anónimo said…
Una de las cosas a las que no hay que atarse es a aquellas que nos recuerdan, dia a dia, nuestras miserias
Aprovecha lo que la vida te pueda ofrecer y da un paso hacia atrás solo para coger impulso
mil besos guapa (k)
At 6:09 p. m.,
Antagonista said…
Gracias a los dos!!!! y si k, hay que mirar atrás solo para coger impulsoo jejeje
Muakiss a los tress :p
At 10:28 a. m.,
Anónimo said…
Muy bonita fábula. Como siempre, siguen siendo mi debilidad. Pero quizá no haya q ser tan dráticos, y solo esforzarse en alimentar mejor a esa vaca. Sguian teniendo el dinero para comprar semillas....
A veces los empujones para mejorar no han de ser tan brutales. Ni ser tan crueles como el maestro. Quizá un buen consejo, también hubiera servido.
T.
At 12:23 p. m.,
Anónimo said…
Mil gracias. Necesitaba leer esto precisamente hoy
Publicar un comentario
<< Home